Nos levantamos temprano, aun sonriendo, después del espectáculo de las auroras boreales de la noche anterior y nos despedimos del lago Myvtan. Ponemos rumbo nuevamente al sur por la Ring Road con un día muy despejado, Islandia se destapa ante nosotros sobrecogedora.

Lago Lagarfljot, Islandia

En unas dos horas habíamos recorrido los 175 km que nos separaba de la localidad de Eglilsstadir, conocida por el ser el punto de partida de la visita a los fiordos del este, pero antes de adentrarnos en esa zona decidimos tomar un desvió por la carretera 931, en muy buen estado, para visitar el extenso valle por el que se extiende el Lago Lagarfljot con sus más de 30 kilómetros y donde, según cuenta la leyenda, habita entre sus aguas lechosas  un monstruo, una enorme serpiente. Queremos visitar las dos cascadas que se encuentran dentro de este valle, que es muy distinto a lo visto hasta ahora, primero por los arboles que tanto escasean en Islandia y que en esta época están perdiendo las hojas y segundo, por sus fértiles praderas donde poder ver a los famosos caballos islandeses.

Nuestra casa

La zona está muy bien señalizada y al comienzo de la ruta hacia las cataratas hay un parking donde poder dejar nuestro vehículos así como unos merenderos acondicionados .
La ascensión, sin pérdida, dura como unos 30 minutos hasta la primera de las cascadas. Es muy importante seguir las indicaciones y cerrar las puertas de madera que nos encontramos por el camino para evitar que se escapen los animales. Nuevamente hicimos el camino prácticamente solos con la única compañía de las decenas de ovejas islandesas que pastan a sus anchas y siempre de 3 en 3  o de 6 en 6 (otra de las curiosidades de este pequeño país).

captura

Esta primera cascada recibe el nombre de Litlanesfoss y aunque con una caída de agua menos espectacular que otras de las vistas hasta el momento, el entorno en el que se encuentra,  un profundo y estrecho valle, la hacen encantadora.

Litlanesfoss, en ruta por Islandia Litlanesfoss, en ruta por Islandia

Desde esta cascada quedaban aun unos 45 minutos de ascensión atravesando parajes de ensueño, cruzando ríos, hasta llegar a la cascada de Hengifoss, enclavada en otro espectacular cañon y rodeada de columnas basálticas, uno de los lugares imprescindibles de Islandia.

Litlanesfoss, en ruta por Islandia

En total unas tres horas de caminata con diversas paradas. Tras comer al sol, todo un privilegio en el otoño islandés, desandamos el camino hasta la localidad de Egilstadir, para coger un nuevo desvió, esta vez por la 93 camino a uno de los famosos fiordos del este.

Litlanesfoss, en ruta por Islandia

Durante los aproximadamente treinta minutos que tardamos en llegar fuimos descendiendo por una carretera llena de curvas, cascadas y montañas nevadas hasta llevar al pueblo de Seydusfjordur, que da nombre al fiordo donde se enclava. Si el entorno es increíble, la belleza del pueblo no se queda atrás, con casitas de colores y su preciosa iglesia azul en el centro. Disfrutamos dando un corto paseo por sus calles y descansamos en el café Bar Nordic, restaurant ubicado frente al fiordo y por ello con unas vistas privilegiadas.

Nómada en Islandia

Tocaba poner rumbo al sur por la Ring Road, ya que teníamos programado para el día siguiente el trekking por el Glaciar Vatnajokull que habíamos aplazado por el mal tiempo hacia unos días, en total casi 350 km, aunque como ya hemos dicho en alguna ocasión, las distancias en Islandia no se miden por kilómetros sino por tiempo. Decidimos parar a dormir en la localidad de Hofn y, de nuevo, Islandia nos regalo nuevamente la presencia en el cielo de las auroras boreales, en ocasiones incluso más intensas de las vistas el día anterior.