Superábamos ya  la mitad del viaje y desde que comenzamos no habíamos tenido ningún día de descanso, recorriendo el Triangulo Cultural, las Tierras Altas, el Adam´s Peak o el P.N. de Yala. Pero nos faltaba otra de las atracciones de Sri Lanka: sus playas. La isla cuenta con gran número de playas vírgenes de espectacular belleza, pero nos decantamos por las del sur y oeste, por cuestiones de planificación de  ruta. En concreto pasamos seis días repartidos por Tangalle, Mirissa, Hikkaduwa y Galle.

Tangalle, la tranquilidad del Indico

Llegamos a Tangalle con un autobús procedente de Tissa, después del safari por Yala. Era nuestro primer bus de Sri Lanka y el trayecto de unas dos horas, fue de lo más divertido, la decoración y, sobre todo, el karaoke a todo trapo que no paró de sonar nos dejo impactados.

Tangalle Tangalle

Nada más bajarnos, un montón de conductores de tuk-tuk se abalanzaron sobre nosotros para llevarnos al hotel. No teníamos nada reservado, pero sabíamos que queríamos alojarnos en la playa de Goyambokka, situada a unos 5 kilómetros de la estación de Tangalle. Tras un ardua regateo, que tanto nos gusta, nos llevaron hasta la zona, junto a la playa, llena de alojamientos en mitad de la nada y rodeados de naturaleza. Nos decantamos, por precio y ubicación, por el Green Garden Cabanas ( http://www.greengardecabanas.com ) en la que resulto ser una de las mejores habitaciones de todo el viaje, con baño privado, aire acondicionado y una terraza desde la que se veía la playa. Cuenta también con cabañas y un jardín precioso con un restaurante en el que cenamos. Rápido nos cambiamos y bajamos a la playa, solo para nosotros, una media luna de arena dorada y rodeada de palmeras y cocoteros. En uno de los extremos hay un bar donde poder tomar algo con música. El oleaje era bastante intenso y disfrutamos como niños con las olas y de una preciosa puesta de Sol en el Índico.

Tangalle

Mirissa, playas y avistamiento de ballenas

Nuestra siguiente parada por las playas del Sur fue la localidad de Mirissa, habíamos leído que para muchos era su preferida y la verdad que no nos defraudo. Llegamos en autobús, unas dos horas por 75 rupias desde Tangalle y decidimos caminar para buscar alojamiento más cerca de la playa. La oferta es muy amplia y para todos los bolsillos, pero sin llevar reservado nada, nos costó encontrar habitaciones para los ocho, por lo que podemos decir que nos quedamos donde hubo hueco: Mila Rest Garden (Kottasagareda Road), a medio camino entre la playa y el puerto desde el que parten las excursiones para ver ballenas. Es de ambiente familiar, dos de las tres habitaciones que alquilamos, con ventilador y baño privado por unas 1200 rupias, estaban bien, pero la otra, dentro de la propia casa de los dueños, dejaba bastante que desear. Son muchas las actividades que se pueden hacer en Mirissa además de disfrutar y relajarse contemplando el mar.

Mirissa Mirissa

La playa de Mirissa, de color turquesa y flanqueada por palmeras, además de hacer snorkel (hay puestos donde te tienen todo el material necesario) se pueden alquilar tablas de bodyboard para disfrutar con el oleaje como hicimos nosotros. También hay zonas de surf, algo más alejadas.

Mirissenado.... Mirissenado....

Una de las estampas más típicas de la playa de Mirissa es la “rock view” una islita a escasos metros de la playa a la que se puede acceder andando cuando baja la marea y desde donde se ven los mejores atardeceres. También merece la pena ascender hasta la pagoda de buda que se alza en una colina cercana.

A pie de playa hay una gran cantidad de bares y restaurantes donde poder tomar unas cervezas Lion beer, no muy frías pero te acabas acostumbrando ya que es lo normal en toda la isla, por unas 200 rupias, y comer tanto platos locales como mas occidentales (pizzas, hamburguesas o pasta) por unos precios más que económicos. Pero para nosotros lo mejor la cena, esos mismo bares se transforman al caer la tarde llenándose de puestos de pescado fresco, recién traído. Lo difícil es elegir uno, para que te lo hagan a la brasa y con presentado con una ensalada. Riquísimo y muy barato, por poner un pero quizás lo hagan un poco de más y depende del pescado puede quedar algo seco. Las dos noches que estuvimos en Mirissa cenamos allí.

La playa de Mirissa La playa de Mirissa La playa de Mirissa La playa de Mirissa

Sin duda una de las actividades estrella de Mirissa es el avistamiento de ballenas azules y cachalotes. Contratamos la excursión directamente con el hotel, por unas 3000 rupias por persona (los precios son muy similares en todas las empresas) y dura entre 3 y 4 horas e incluye un picnic. La hora de salida es muy temprano, las 6 de la mañana, nos acercamos hasta el puerto pesquero y tomamos un barco con capacidad para unas veinte personas, nos alejamos bastante de la costa, el oleaje era fuerte y el frio intenso, más de uno se mareo bastante y no pudo disfrutar de la excursión. Se hicieron de rogar pero al final pudimos divisar tres ballenas azules saltando en el mar…increíble. En ocasiones también se pueden ver delfines pero no hubo suerte aquel día.

Mirissa

Hikkaduwa, disfrutando de las tortugas

La última de las playas que visitamos fue la de Hikkaduwa, que nos sirvió además como base para acercarnos a la ciudad de Galle y ver a los famosos pescadores de Sri Lanka.
Hikkaduwa es una localidad al oeste de la isla, a unos 120 km de Colombo y a menos de 20 km de Galle, que cuenta con una amplia oferta hotelera y gastronómica, casi todo situado a lo largo de la calle Colombo-Galle Main Road. Nos alojamos en el Hikka Train Hotel (Amarasene Mawalha road), muy cercano a la estación de autobuses y al que para llegar teníamos que cruzar las vías del tren que conecta Colombo con Galle. Las habitaciones, con aire acondicionado o ventilador y baño privado son bastante amplias e incluye el desayuno, el precio es de unas 1800 rupias por la doble.

Hikkaduwa

Las playas de Hikkudawa cuentan con una barrera de coral (Coral Beach), la más importante de este lado de la isla, y se pueden contratar excursiones para hacer snorkel por ella o simplemente alquilar lo necesario para hacerlo por tu cuenta, ya que no está a mucha distancia de la costa y se puede acceder nadando con facilidad. El oleaje es el mayor de los problemas y puede hacer que te choques con el coral y te arañes. No es muy espectacular, ya que parte del coral esta muerto pero se pueden ver gran variedad de pececillos de colores y los incómodos erizos de mar.

Pero si por algo no olvidares esta playa será por lo que disfrutamos con las tortugas gigantes marinas. Cerca del Hotel Apollo (donde también te puedes “colar” para darte un baño en su piscina) hay un punto en el que las tortugas se acercan a pie de playa y se les puede dar de comer o mejor aún, nadar con ellas. Es alucinante estar buceando acompañado de aquellos gigantes marinos. Todos los días, nuestra primera visita era para ellas.

 tortugas gigantes marinas  tortugas gigantes marinas

 tortugas gigantes marinas

La oferta gastronómica en Hikkaduwa es muy variada, ya sea de comida local o más occidental, nosotros visitamos algunos de ellos ubicados en la carretera de Galle, entre los que destacamos el Fantasy Pot Luck, por sus hamburguesas y sándwich club y el Wood Fire Pizza, un italiano buenísimo, que nos preparaba las pizzas incluso para llevar y comer en la playa. La mayoría de estos sitios cuentan con terrazas donde por la noche poder combatir el calor sofocante, otra buena opción es la multitud de bares a pie de playa donde tomar una copa con música.
En esta ciudad también aprovechamos para hacer las compras del viaje ya que cuenta con gran número de tiendas de artesanía en las que venden tallas de madera hechas a mano y en las que, una vez más, el regateo será nuestra mejor armar. Una mañana nos acercamos a Ambalangola a menos de 30 minutos en autobús ya que habíamos leído que era el mejor sitio para hacerse con artesanía y comprar directamente en sus talleres, Pus bien, nuestra experiencia fue un poco decepcionante, vimos un par de estas tiendas pero nada diferente a lo que hay en Hikkaduwa, quizás no supimos buscar bien.

Pero esta pequeña excursión nos sirvió para, por fin, poder ver a los pescadores zancudos, una de las imágenes más famosas de Sri Lanka, que sentados sobre un poste de unos 4 metros clavado en el mar esperan pacientemente, con su caña, a poder pescar. Aun siguen quedando algunos de estos pescadores tradicionales pero muchos se han convertido en una atracción más, pidiendo dinero a los turistas a cambio de poder grabarles.

pescadores zancudos

Galle, la ciudad colonial

Desde Hikkaduwa aprovechamos para hacer una visita de medio día a la ciudad de Galle, por lo que cogimos uno de los muchos autobuses que van de camino a Mirissa, el trayecto es de unos 30 minutos y el coste menos de 20 rupias. La verdad es que estábamos disfrutando tanto de las playas que nos daba pereza meternos en Galle, pero como dejar de visitar una de las ciudades más turísticas del país.

Galle Galle

En Galle, ciudad Patrimonio de la Humanidad, se percibe en cada paso la historia que ha vivido desde el año 1500 cuando holandeses, portugueses y por ultimo británicos fueron dejando su huella en ella. La parte más visitada es la del Fort, dentro de la muralla y que se puede rodear en un agradable paseo, donde destaca la torre del reloj. El resto de la ciudad fortificada está llena de encantadores casitas de colores coloniales, boutiques, cafés y hoteles con mucho encanto. Galle también cuenta con algunas pequeñas calas que suelen ser visitadas por los lugareños. Fuera de las murallas la ciudad, caótica como es costumbre en Asia, no tiene muchos más atractivos.

Galle